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Los últimos estertores


Pese al agravio reiterado de la apuesta rupturista del secesionismo catalán, manejado a conveniencia por la minoría catabatasuna con el fin de detonar los cimientos de nuestra Constitución, es aconsejable confiar en las medidas que, amparadas en dicho ordenamiento, planeen imponer nuestros gobernantes a los díscolos del noreste peninsular, una vez diagnosticado que han sido afectados por alguna patología que obstruye el riego sanguíneo en los puntos que rigen la lógica, la cordura y la razón.
En Espanya i Catalans, entidad sin vínculos ni cordones umbilicales cuyo único objetivo es defender la unidad de España, a diferencia de las que huelga mencionar encargadas de agitar el secesionismo cebadas “amb els calés dels pepets i  maries” (Dolça Catalunya dixit), estamos convencidos de que al final la legalidad imperará y acabará esta pesadilla. De hecho, confiamos en sumar adeptos a la legalidad conforme vayan despertando muchos catalanes de la abducción de sus mentes y, aunque sea en la prórroga, esperamos que muchos recobren el riego en el último momento facilitándoles la visualización del verdadero escenario de llegada y los riesgos que conlleva seguirle el juego a los que se han tirado al monte.
A los “recuperados” les convendrá amoldar cuerpo y alma ante la frustración, asumiendo cuanto antes lo implacable de la certidumbre legal reiteradamente avisada y tomando conciencia de la percepción que el mundo tiene ante este circo bochornoso, recobrando el sentido común que nunca debieron cuestionarse. Solo de esa manera es factible evitar el destino que espera a los fanatizados y fanatizantes, grandes maestros en el adoctrinamiento y en el uso interesado de las subvenciones, que siguen con su órdago orgulloso y estéril, vanagloriándose del disfrute de un efímero momento de gloria que desean que encabece un capítulo de la historia que, a la postre, se les va a atragantar.
Pero siendo conocedores de estos años de paranoia, sabedores de que el ridículo no tiene límites y la vergüenza no existe, hemos de estar preparados ante el previsible regate por parte de los que nos tienen acostumbrados al trampeo, la mentira y la tergiversación interesada. De hecho, pese a ser conscientes de que la Ley sabrá poner las cosas en su sitio, hemos de contar con que pueda darse el caso de que no se frene de forma tajante el impulso obsesivo de los expertos en la pantomima, obligándonos a todos los catalanes a metabolizar la imagen aldeana y bananera que mostraremos al mundo ante la presentación de unos resultados de una consulta que puede fraguarse en esquinas, usando cajas de polvo de cacao como urnas, con listas de afines como censo y bonos descuento de supermercados como papeletas. Ese previsible quiebro a la legalidad, esperemos que síntoma de los últimos estertores, nos obligará a denunciar las fugas de raciocinio que lleva consigo la apertura de mesas callejeras para depositar cromos en cajas de zapatos.
Los que defendemos la aplicabilidad de la Ley no podemos legitimar esa chanza de sufragio, que contradice el artículo primero de nuestra Constitución al plantear la soberanía nacional solo en favor de algunos españoles y, pasando al segundo artículo, se da de bruces con la declaración de indisolubilidad de la nación española. Sólo con esto, sin entrar en más explicaciones, ya nos es suficiente para justificar la no participación en su juego, desmovilizando a los votantes del NO que deben evitar dar argumentos de legitimación a esa convocatoria viciada, interesada e ilegal.
Confiamos en que el deseable plan de ajuste que impondrá el Gobierno de la nación no nos falle y disponga de soluciones con durabilidad, consagrando la razón hoy y el año que viene y que sea útil para generaciones venideras. Soluciones del tipo “pan para hoy”, basadas en seguir dando cuando posiblemente toque quitar, son algo que da bastante repelús y esperamos que se eviten. Nosotros tenemos claro que, sosteniendo posturas correctivas al amparo de un artículo u otro, una Ley u otra, con uno u otro criterio, lo que debe lograrse es, de una vez por todas, que la mentira, el adoctrinamiento, la compra de conciencias y líneas editoriales, así como el menosprecio a todo lo que es de todos los españoles, dejen de ser las armas usada para alimentar el odio y la sinrazón.
Tomando la idea de Otto Von Bismarck, puede que algunos españoles intenten auto-destruir su nación, pero no lo lograrán, y cuando estemos inmunizados ante este virus, no habrá quien nos pare.
Amigos, ya queda menos para que acabe la función.

Artículo públicado en elcatalan.es