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Desaliento

Espanya i Catalans, escritores:


Confluyen muy diversas actuaciones, las de los que un día tomaron la decisión de incluirse en unas listas electorales para hacer de este noble servicio un mercadillo, las de los que desde fuera, con título académico se sintieron, sin la lealtad debida a la verdad, capacitados para redactar la crónica de lo que se legislaba desde los escaños del Parlamento, las de los que están únicamente a la espera de que una ley les permita engrosar sus patrimonios, las de los que creen sentirse al margen de lo que se legisla, mientras sean los que lideran su ideología, las de los que no se sienten obligados a constatar la intervención de los considerados “els nostres” y también como era de esperar, las de los que se posicionan frente a las instituciones para dinamitarlas. Ante esta amalgama de intereses mezquinos y alejados de lo que debería ser la tarea de un honesto ciudadano, se ha de producir una reacción seria del electorado.

No puede haber una fe ciega en la acción de los que en nuestro nombre asumen la gobernabilidad, de los que dan noticias impostadas, diluidas entre medias verdades y hasta falsas, de los que ven a la democracia como un negocio, como un árbol genealógico del que uno tiene que partir para demostrar su valía… de todo lo que nos hace dependientes y dificulta nuestro libre albedrío.

¿Qué ocurre cuando las Cortes no responden a la soberanía, cuando un poder ejecutivo, réplica del engaño, toma decisiones de tal envergadura que puede poner en peligro la existencia hasta de la Nación? Se hace necesario coger el bisturí y seccionar lo que daña a la democracia, reformas por medios legales para equilibrar nuestro sistema.

Todos los que han ocupado un cargo de poder, con frenesí redactan leyes que nos encierran cada vez más en un espacio aldeano, trabas a nuestra movilidad, a nuestros gustos personales y si pueden a nuestros derechos como ciudadanos, la salud, la educación, opinar. La libertad la ostentan ellos, los que están dilapidando nuestro existir como pueblo soberano, no los que estamos censados y obligados a mantenerlos en sus puestos. Falcon, vacaciones pagadas y en secreto para dar más morbo, obligatoriedad del conocimiento del catalán para ejercer de médico en Ibiza y lo que nos espera con la nueva ley educativa, la ley Celaá: bajar niveles de exigencia y quitar el control que debe ejercer el Ministerio de Educación. Desconcertante es que se dicten sentencias contra los bares, los restaurantes que distribuían a sus asiduos al lugar, retransmisiones deportivas sin previo permiso administrativo, pudiéndoles caer a sus dueños seis años de cárcel, mientras que bastantes políticos han sustraído millones de euros a las arcas públicas, siguen sin devolver ese caudal de dinero y muchos de ellos sin cárcel. Si esto no se soluciona con rapidez, la vorágine que se puede desatar nos perjudicaría a todos.

Las Instituciones más representativas del Estado de Derecho son atacadas constantemente por un Torra que vulnera cada día que pasa la dignidad que merece nuestro encuadre político-social, teniendo en cuenta que tiene como trinchera el marco legal que se le dio por ser un representante del “pueblo”. Nada nos quedará si cuando él acaba de lanzar sus exabruptos cargados de cinismo y arrogancia, con la única intención de arrasar la convivencia desde el odio, la mezquindad y la mediocridad de espíritu, no se aplica la ley que recoge los derechos de las personas. Un buen ejemplo de ello es el discurso que nos ofreció como salutación ante el nuevo año, una exaltación de los ánimos, un grito a la sublevación, sin que ningún organismo de interés público aplique medidas correctoras.

Con estas salvedades y con deseos de mejorar, el desánimo que en ciertos momentos nos invade, puede desaparecer. Los problemas necesitan soluciones pensadas con tranquilidad y sosiego, no dejarse llevar por prontos bruscos. Los impulsos ante empresas de gran envergadura son malos acompañantes, ejemplos hay muchos, basta recordar el 15 M. El apoyo ofrecido a Podemos nos muestra la falsa salida que se dió cuando se abrieron los colegios electorales. El pataleo no fue un buen consejero para aquellos ciudadanos que se dejaron arrastrar por discursos al límite de lo que es la cordura y el pragmatismo.

¿Fraccionamiento del espacio electoral o el seguir conllevando el bipartidismo? Arriesgado el tomar una decisión cuando los espíritus están alterados por el cansancio y por el extremo al que ha llegado la agenda política: Las Cortes desvalorizadas, los debates llenos de exabruptos, los representantes del Estado en las Autonomías, dando soflamas contra el propio Estado y la Nación… los límites fronterizos asaltados, el sistema de pensiones sin porvenir, gastos y más gastos sin control ninguno. Por el contrario fácil si sabemos aplicar el toque compensado con la prudencia.

Mucho que reformar, mucho que descartar, mucho que incorporar, mucho que blindar. Implantación territorial, un programa viable, candidatos preparados, compromiso es lo necesario en un partido que se plantee asumir tal empeño.

Ana María Torrijos
Escritora Espanya i Catalans