Nosotros, los Fascistas, no somos ni republicanos, ni monárquicos, ni demócratas, ni socialistas, ni reaccionarios, ni conservadores. Somos la síntesis de todas las negaciones y de todas las afirmaciones, nuestra única doctrina es el, ¡Hecho! (Benito Mussolini)

En este artículo trataré de ser imparcial, siendo un tema que no deja indiferente a nadie, y me basaré en los datos de los que vinieron antes y gestaron las ideas denominadas “Fascismo”.

Tras la efeméride del fallecimiento de Franco han surgido dudas de lo que es el Fascismo y si Franco era fascista, y eso me ha decidido a hacer una revisión de las bases históricas y sociales que plantaron la semilla de ese sistema.

Como Fascismo entendemos una estructura social autoritaria en un estado centralista y con una jerarquía definida, siendo anti-comunista y anti-capitalista liberal. Pero hay más, tiene que haber un contexto histórico, social y cultural que lleven a intelectuales y trabajadores de varios gremios a formular esas tesis.

Hay historiadores que compraran el Jacobinismo, Bonapartismo o el Imperialismo Romano como poseedores de contextos históricos similares y pienso que no están muy alejados de los fascismos del siglo XX, que se nutrieron de parte de sus ideas e ideales.

Curiosamente, a mediados del siglo XIX, un ingeniero revisionista marxista francés, Georges Sorel, consideraba que el marxismo estaba muy enclaustrado en unas ideas antagónicas y que la clase trabajadora veía que los intelectuales marxistas se convertían en una izquierda caviar, muy alejada de sus verdaderos intereses.

Sorel contemplaba cómo la Tercera República Francesa era débil ante cualquier ataque externo, tales como la Guerra Franco-Prusiana de 1870 y, después de ella, el caso de Alfred Dreyfus, militar de origen Judío-alsaciano culpado de haber traicionado a Francia, lo que causó un gran revuelo político y periodistico. Fue el origen de un gran sentimiento antisemita en Francia a finales del S.XIX y principios del XX.

Es curioso ver que unas ideas que brotarían en Alemania años después, nacieron justamente en la Francia más gemanofóba

Por otra parte, y tras la contienda social que produjo el Caso Dreyfus, con una izquierda y una derecha muy polarizadas, apareció un movimiento que marcaría la otra cara de la Tercera Posición, la “Acción Francesa” de Charles Maurras.

Maurràs era un monárquico, pero no un monárquico clásico sino psicologista que abogaba por una jerarquía clara en la que los movimientos sociales debían estar combinados en forma de células sociales.

A simple vista Sorel y Maurras no tenían nada en común, pero eran piezas que combinaban perfectamente. Sorel veía que el proletariado prefería rendirse a la democracia por un plato de lentejas, mientras veía que los nacionalistas de Maurràs no se iban a doblegar.

De la decadencia y la desesperación salieron esos conceptos sociales y psicológicos, pero no hay que dejar de hablar de otro tercer movimiento, el cultural, y de eso se encargó “El Futurismo”.

El Futurismo fue un movimiento cultural, poético, pictórico, musical etc… Que pretendía hacer un llamamiento a traer el futuro a la actualidad, claramente influenciado por la revolución industrial que vivió Europa en ese momento.

La punta de lanza del movimiento fue “El Manifiesto Futurista” de Felippo Tomasso Marinetti publicado en “Le Figaro” el 20 de febrero de 1909. Al que redefinió el estilo estético del Fascismo o también llamada Tercera Posición Política.

Y de este batiburrillo de ideas no se puede sintetizar si la ideología es socialista o capitalista pero se puede decir que entiende el concepto de que los movimientos sociales no quieren destruir el capital, como entendía Sorel criminalizando a Marx.

En mi opinión, el Fascismo tiene la capacidad revolucionaria propia del socialismo, la estabilidad propia en lo económico del liberalismo y a su vez una estética propia del conservadurismo, todo ello junto con sus negaciones.

Si entendemos qué el fascismo no es más que un nacionalismo integral, como definió Maurras, con una doctrina muy versátil, Franco desde mi punto de vista si lo fué.

Víctor Milà