Es muy lamentable la imagen que se traslada a la opinión pública, doméstica e internacional, de la política española. Especialmente, cuando vemos la perversión que acompaña a la palabrería de unos líderes que sólo pretenden su supervivencia en los círculos próximos al poder, en referencia a todas esas muletas del sanchismo que se han convertido en algo cansino y ridículo.
El ejercicio de postureo del que hacen gala los vividores que orbitan sobre el eje sanchista, aplicando en sus intervenciones discursos reivindicativos de aparente ruptura, solo busca tensionar a un gobierno que se sostiene en la cuerda floja y que alarga su agonía a base de pisotear sus principios y valores. El compromiso con España y su futuro no está en la lista de prioridades, con semejantes acompañantes dando sostenibilidad a la mafia corrupta y mangante de un PSOE cómplice al que también ésta le importa un bledo.
En Junts se frotan las manos con el arrodillamiento público de todo un suplicante llorón, que saben que cederá sin límites hasta la extenuación para no perder lo que tiene. La rentabilidad de su pataleta es incuestionable, al servir de revulsivo para que las tesis separatistas -que son minoritarias en Cataluña- logren sus mayores hitos. Es denigrante que vivamos a la orden de un fugado de la Justicia al que rinde pleitesía todo un presidente del Gobierno de España.
Por otro lado, lo de la ultraizquierda sumatoria y podemita es de chiste. De ser adalides del feminismo pasaron a mejorar las penas de violadores y pederastas, además de esos casos endógenos de acoso que tanto les han salpicado. Aún así, el extremismo busca su cuota de pantalla para tener cierta visibilidad e intentar minimizar la previsible debacle en las próximas elecciones. El postureo es más que evidente, pasando de exigir un cambio profundo en el Consejo de Ministros a conformarse con una tertulia de segunda o tercera escala con los socialistas.
El resto de satélites, como la Chunta o los de Compromís, replican el método García-Page, es decir, aparentar sin que, a la hora de mover ficha y posicionarse contra el que les engaña, haya reacción. Mucho hablar, pero lo importante es mantener garantizado el disfrute de un sillón mullido y un buen sueldo público.
Ojalá termine el aguante de un personaje como Koldo, que al final tiene toda la pinta que será el pagafantas. O, por otro lado, flaquea la fontanera Leyre y nos da una explicación clara de todo lo que sabe. Creo que son los eslabones más débiles de la trama y, entre ambos, las dudas tenderían a cero y estaría más cercano el definitivo punto final de tanta miseria.
Borja Dacalan