Un hombre sólo suele escribir cuando está borracho de algo…F.Pessoa (El libro del desasosiego)
Hace poco salí leyendo desde Málaga en su AVE, como suelo hacer, y sentí lo mismo que cualquiera de nosotros hemos podido sentir en cualquiera de nuestros viajes. En un momento determinado y pasada Córdoba, tuve que dejar la lectura, tras comprobar como el tren, a la vez que reducía la velocidad, comenzaba un molesto traqueteo más propio de aquél tren tranvía Linares-Baeza en el que hacía mis viajes de joven estudiante hacia los Madriles.
Y al meneíllo, aunque chocante, no le concedí la mayor importancia. Cosas de alguna obra puntual, pensé, mientras aprovechaba esos minutos de imposible lectura para caer en la cuenta de lo difícil que le resulta a este exiliado andaluz el tener que alejarse de la auténtica patria de la infancia y adolescencia hacía este tan alejado como frío Pirineo.
Lo que entonces no podía imaginar es que ese cortísimo trayecto, tan tristón y de saudade lleno por mi parte, pocos días después pasaría a nuestra personalísima memoria como pudo pasar la batalla de Bailén o la de Las Navas de Tolosa. Aquellas, contra franceses o musulmanes y esta tragedia de Adamuz, como demostración inequívoca de que la política democrática ha venido mucho más a resolver los problemas de los políticos que los del sufrido pueblo de Dios,de todos nosotros.
Por eso ahora, y tan afectado como todos Vdes, no puedo evitar el tener que coger la pluma, aunque pudiera estar muchísimo más cómodo leyendo. Buscando el necesario desahogo, el escribir por no llorar, tras ver a ese pobre chaval de la edad de mi nieto, como refería vía tv.,el haber sido el primero de encontrarse con ese terrible como remedo de campo de batalla de la Primera Guerra mundial, pero alrededor de unas modernas vías de tren. Pobre chaval, pobres todos nosotros.
Sí, porque acabamos de comprobar, una vez más, como aunque podamos estar envueltos por una burbuja política que quiere hacernos creer que es como un gran útero materno protector, la tozuda realidad, la de una desgracia tras otra, no deja de revelarnos de nuevo como ellos, los políticos, no han hecho otra cosa que asaltar nuestros dineros y tranquilidad, para eso, para como diría el gran D. Miguel de Unamuno…”quitarnos la soledad y no darnos ninguna compañía”.
Aún ni nos habíamos recuperado del espanto de hace unos días,viendo ahogándose, más solos que una almeja, a las pobres gentes de Paiporta y sus malditos e infernales barrancos vecinos, cuando acabamos de enterarnos de que, de nuevo, los últimos muertos del AVE han podido estar muertos desde el día siguiente en que sus trabajadores ya hubieran denunciado y anunciado el que algo olía a podrido y aún podía oler más si no se limpiaba el pestilente estado de las vías en dicho tramo, porque iban andando entre arenas movedizas, mientras ellos, los políticos responsables, preferían estar en sus politiquerías de mierda de todos sus días.
Aburriéndonos un día sí y otro también con que si por Extremadura o por Madrid, deberían de pasar solo ovejas churras o merinas.
Qué espanto, qué dolor. Y uno que por edad y oficio ha tenido que vivir y padecerse ya la Riada de Biescas, ya la muerte natural o por suicidio de muchos jóvenes soldados, durante mis muchos años como médico militar, ahora, viendo las desgarradoras escenas de la TV, no puedo dejar de sentir y reflexionar sobre como han cambiado las cosas. Las formas de enfrentarnos a las tragedias. Entonces, sin psicólogo alguno a mano, pero muy convencidos de que ante un padre, por ej. que ha perdido a un hijo de veinte años, no hay ni palabra ni palabrería alguna con la que calmar el desgarro de un alma desesperada, sencillamente porque bloqueados todos sus sentidos, solo se puede sentir el vértigo del vacío y ante ello, lo único capaz de consolar, es el abrazo o el hombro amigo sobre el que llorar y apoyarnos, para no caernos también nosotros. Demasiadas y terribles experiencias tengo al respecto.
Por eso ahora, un servidor, al dolor de todo lo física y espiritualmente vivido y visto, suelo añadirle otro personalísimo quebranto, no puedo evitarlo, al ver al psicólogo de turno intentar curar con palabras a las heridas del alma, como si esas vendas pudieran poner contención a la gangrena.
Perdonen, ya ven, paso de raíles a psicólogos y de ellos a políticos ineptos, irresponsables que nos sobran y que ni siquiera tienen la vergüenza de haber dimitido ya. Perdonen los trastabilleos de mi pluma.
Olvidan estos nuestros políticos que todo debería de tener un límite, pero nada parece haber cambiado desde hace años ; sí, porque por los años sesenta y por Madid, ya se decía que…
“Por el caminito del Pardo/
y en llegando hacía la ermita/
Hay un letrero que dice/
Maricón el que dimita”.
Pues ya ven, aquí sigue sin pasar nada, aunque muchos de nuestros mandamases petimetres e ineptos para cargo alguno, únicamente puedan vivir apesebrados solo para aparentar… para intentar pasar como la personificación de la estupidez y la incompetencia.
De sobra lo conocemos…POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS (Mateo 7/16). Ya saben, aquello de que la verdadera naturaleza de una persona o enseñanza se revela a través de sus acciones o resultados, no por sus palabras o apariencia. Pues eso
Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino