El tercer asalto de este combate a capítulos ha supuesto un ligero cambio en la dinámica y en los resultados derivados de unos comicios que, en esta ocasión, ha llevado a los ciudadanos de la comunidad de Castilla y León a las urnas.
Aunque la victoria se ha repetido en favor del Partido Popular, y la suma de los escaños obtenidos por parte de los partidos del centro y la derecha continúa muy por encima de la mayoría absoluta, en esta ocasión no se ha seguido exactamente el mismo guion que vimos en las citas de Extremadura y Aragón. El PP ha crecido en dos, lo que a estas alturas ya es por sí mismo una noticia relevante, con un crecimiento mayor al obtenido por VOX, aunque hemos de tener muy presente que la formación de Abascal ya partía de un crecimiento explosivo que les llevó a 13 en las anteriores elecciones autonómicas. Con 33 parlamentarios los populares han ganado y gobernarán en la comunidad, pero lo harán sin disponer de algo que ya parece una utopía, como es el logro de la mayoría absoluta. La negociación y el consenso vuelve a ser la petición que formula el electorado, dejando solo margen para que se entiendan las fuerzas de los que no están dispuestos a traicionar a España.
Los resultados de este domingo podrían cambiar algo el esquema negociador para alcanzar un posible pacto de gobierno, puesto que la formación que aporta más escaños ha subido en dos y la que, previsiblemente, completará la mayoría de investidura ha ascendido en uno. Novedad que rompe la norma que ya venía siendo costumbre en episodios anteriores de este largo camino electoral que nos debe llevar, a la postre, al definitivo fin de la lacra sanchista. Sin duda, la gran esperanza motivadora para la mayoría.
A la cuestionable dilución de la relevancia de VOX, sólo justificable si pensamos en términos de expectativas, debe quitársele peso y hacer valer el crecimiento real en votos y diputados regionales. No olvidemos que este partido se ha consolidado como el eje sobre el que deben bascular las decisiones del futuro gobierno regional, garantizando una gobernabilidad que haga frente al antiespañolismo destructor que abandera el sanchismo. Pese a no alcanzar el objetivo del 20% del voto es incuestionable el papel fiscalizador de los de Abascal que, apostaría, será al margen del Gobierno regional. Su papel como puntal de la sostenibilidad frente a la decadencia sanchista puede ser extensivo en todas las negociaciones en marcha, dejando gobernar al PP y cimentando ese muro con un colaboracionismo activo y constructivo, pero con criterio propio y diferencial que de paso a las medidas acordes al ideario y filosofía del partido verde, al menos en esos temas concretos que sabemos que fidelizan el voto y que suponen el hecho diferencial que posiciona a sus votantes.
Lo que ha sido muy evidente es que, en Castilla y León, el PSOE ha tenido que salir al rescate del fanatismo sanchista, presentando un candidato más moderado y ajeno a la guardia pretoriana del «puto amo». Un cabeza de lista sin cargo ministerial, algo que conlleva la preocupante proximidad al foco del hedor, ha sabido crecer en votos y en parlamentarios. Incluso, ha llegado a finiquitar todas esas candidaturas de la extremaizquierda que parecen ya darse por vencidas. Tal bocanada de oxígeno, para un PSOE en declive, debería dar a entender las ventajas que supone el prescindir de lo que le ha penalizado y todavía duerme en la Moncloa.
La ilusión y esperanza de los castellanoleoneses, como también de los extremeños y aragoneses, se ha puesto de manifiesto. La victoria de la candidatura pepera, junto al crecimiento y la sostenibilidad que asegura la fortaleza del actual tercer partido, que no tira la toalla para seguir creciendo en dicho ránking, alberga un futuro prometedor para las regiones de España. Unas comunidades que hacen camino para el gran objetivo. España necesita un cambio y, a tenor de los resultados y la consolidación del voto que vamos viendo, no hemos de dejar de ser optimistas. La mayoría social ya está claramente posicionada y ve a la mafia corrupta de Sánchez como el gran problema de este país.
Iniciamos desde ahora la cuenta atrás para un siguiente episodio, con las elecciones andaluzas en el punto de mira y, en este caso, la candidatura del sanchismo en su máximo esplendor al poner en la cabeza de la lista a una fan que babea y debe dormir con la foto de su líder en la mesita de noche, algo que debería condenar al sanchismo agonizante a otra humillante derrota.
Borja Dacalan