Esta dinámica de citaciones a las urnas, siguiendo un orden que las mantiene presentes en el día a día de modo constante, nos lleva a la siguiente etapa de esta carrera de relevos en la que, ahora, los que podrán mostrar su malestar por la situación política que vivimos recaerá en los andaluces.

Se trata de elecciones autonómicas y se vota para parlamentarios en una comunidad, pero no cabe la menor duda de que la gente tiene la mirada puesta tanto en la política regional como en la perspectiva nacional. Y, sin querer quitar valor a nada, apostaría que la política del Congreso prevalece frente a los asuntos propios del territorio.

Las tres etapas ya superadas han repetido triunfo del PP, descalabro o fiasco de los candidatos del sanchismo (en Extremadura y Aragón), sostenimiento del PSOE (en Castilla y León) y crecimiento consolidado de VOX. En esta terna, el resultado final aboca a un entendimiento entre PP y VOX que, a tenor de la evolución del voto y la realidad electoral, parece que es el claro mensaje de cambio que solicita el electorado.

Una previsión que se puede repetir al pensar en Andalucía, aunque el punto de partida en esta ocasión lleva consigo una mayoría absoluta de Juanma Moreno, razón por la que no se debe descartar que pueda repetirla. En todo caso, otra patada en donde más duele a un socialismo que, como pasaba en otros feudos territoriales, ha visto como el votante le ha dado la vuelta a la tortilla. En esa comunidad, la más poblada de España, los electores le han acabado de ver el plumero corrupto al PSOE dejándolo merecidamente en la oposición parlamentaria, a la vez que ven como avanza y se consolida la importancia de su territorio fruto de una mejora en la gestión y en las perspectivas de futuro.

La ciudadanía está dando muestras evidentes de que está harta del lastre contaminante y repulsivo que supone la durabilidad del sanchismo en el poder. Ahora, viendo a esa formación política sacando pecho con el engaño de su posicionamiento contrario a la guerra en Oriente Próximo, aunque sabemos su empatía con uno de los bandos viendo las fotos con sus líderes y el peso específico de la ultraizquierda en el Gobierno, empezamos a ser conscientes de «las ventajas» de su fanatismo sectario y extremista. Todo este circo nos lleva a la desagradable y denigrante imagen, con el mundo por testigo, al ser nuestro Gobierno felicitado por todos los terroristas islámicos que consideran a Sánchez un amigo y aliado. Incluso, para colmo, parece que los propios misiles iraníes agradecen su contribución en favor de la paz y ese Orden Mundial al son de los ayatolás y todos los regímenes dictatoriales que ahondan en esa desigualdad que tanto dicen combatir propagandísticamente en el sanchismo.

Nuestra imagen internacional está seriamente dañada. El posicionamiento de España, exclusivamente por culpa del que manda y su pandilla, prefiriendo el liderazgo a la prudencia, nos aboca a un perjuicio futuro del que ya veremos su coste. No nos saldrá barato el frenesí rebelde de los que actúan en nombre de todos los españoles sin consultar con el pueblo o, al menos, con el Parlamento. Vivimos una etapa oscura en la que se toman las decisiones relevantes para la vida cotidiana de los españoles a golpe de ordeno y mando, con la vanidad personal y el ego del que manda como grandes incentivos. Miedo me da pensar que sigamos tocando las narices y las famosas bases americanas, todavía en suelo español, acaben reubicadas al otro lado del estrecho bajo soberanía marroquí, con el riesgo implícito que supone tener al gran mando estadounidense alineado con Marruecos y enfadado con España, con el problema migratorio y ese afán injustificado del reino alauí al reclamar suelo que es, incuestionablemente, español.

La apropiación del mediático y placentero mensaje en contra de la guerra es denigrante, cuando nadie quiere un conflicto bélico. Pero queda muy chulo y progre vender humo y aparentar que son el contrapeso a toda la barbarie. De hecho, el uso torticero de ese eslogan y la falta de criterio de mucha parte del electorado que pulula inamovible en la órbita de la izquierda sin querer ver todos sus engaños y corrupciones, o los excusa, sin olvidar esa irreconciliable aversión a la alternativa constructiva, les augura una cierta atenuación del fiasco. Con los medios a pleno rendimiento, y la tergiversación manipulada en el corazón de la estrategia, esperan garantizar el acceso a esa veta esperanzadora que permita “salvar al soldado Sánchez”.

Teniendo a la sanchista fan número uno en la cabecera de la lista andaluza esperan que el rédito de ese lema antibélico les lleve a un cambio de Gobierno en Andalucía, pero vamos a pensar que predominará la inteligencia y el peso de todas las tropelías del sanchismo en su ya largo recorrido. La trayectoria de los candidatos impuestos por Sánchez sienta una base que pronostica, ojalá, otra aplastante derrota de la lista del PSOE, algo que se merece en grado sumo la señora Montero por su incuestionable tufo sanchista.

Javier Megino