Curiosamente, tras la matraca que hemos soportado con los diferentes sumandos que integran la ultraizquierda, renegando unos de otros con el único afán de ver quién acerca el ascua a su sardina, la desesperación se ha hecho hueco al llegar a los comicios en la comunidad andaluza. Tras los recientes varapalos, en los que el abandono de esa postura electoral se ha cebado con las candidaturas del perímetro, ya hay movimientos para hacer efectiva esa necesidad de unirse con el mero objetivo de, sencillamente, subsistir. Irremediablemente, no les queda otra que mover ficha si quieren seguir a flote, aun a costa de que sea en formato meramente testimonial y sin capacidad alguna de relevancia o gobernabilidad.
Bajo el liderazgo desesperado de la mediocridad, que ejemplifica el candidato Maillo, parece que intentarán salvar la presencia y, por supuesto, los ingresos públicos derivados. Las remuneraciones de los sillones en el parlamento andaluz, junto a la demostración de existencia a nivel parlamentario, son la clave para que al final circule la pipa de la paz. Esa solución, como vía para dar oxígeno a un extremismo agonizante que ya abandera el propio sanchismo, se convierte en una nueva propuesta que pone como meta la integración de candidaturas. Un remedio al que se han visto abocados tras brindar su apoyo incuestionable al poder en Madrid, arrodillados y sumisos, en un vasallaje que les ha llevado al poco halagüeño destino de verse fagocitados por ese sanchismo que dinamita todo lo que orbita a su alrededor, mientras hunde, también, al propio socialismo español. La tormenta perfecta en el rojerío que ya ha demostrado su incapacidad y los costes derivados de su gestión.
Las políticas lesivas y condicionantes para el futuro de España, enmarcadas en una campaña propagandística y pura estrategia electoralista, cohesionan tres frentes que van a dar mucho de qué hablar en el ámbito doméstico y, por supuesto, de la relevancia de España en el contexto internacional: el finiquito de las formaciones –ya sea unidas o separadas- que orbitan a la izquierda del PSOE, el final de un ciclo incalificable con otro episodio apoteósico como el que pronostica mínimos electorales históricos de la lista encabezada en Andalucía por la mayor forofa del sanchismo y, ya a nivel mundial, el deterioro de la imagen de España fruto del hartazgo del aliado estadounidense tras ver el comportamiento teatralizado y populista de nuestros gobernantes. Unos efectos que no conocemos, pero que se barajan en Washington, que habrá que incluir en el largo debe que acumula el enfermizo ego vanidoso de Sánchez.
Javier Megino