El fanatismo alauita tiene un plan orquestado para conculcar la soberanía nacional española y cree que es el momento de ponerlo en marcha, sabiendo que España está en manos de vendidos.
Este verano hemos sufrido en España la mayor agresión posible que puede padecer una nación soberana. Como es de conocimiento público y se ha convertido en una humillación de alcance mundial, hemos sido invadidos por una nación hostil que, históricamente, siempre ha sido nuestro mayor enemigo. Frente a tal circunstancia, el Gobierno actual de un Estado en decadencia, que sufre el abandono traicionero por estar en manos de impresentables, ha respondido de un modo laxo, contemplativo y sumiso, sin corresponder a dicho ataque como realmente se merece una ofensa de tal calibre.
Una situación que ha tenido lugar fruto del expansionismo paranoico de los mandatarios marroquís, con su Mohamed de turno liderando el envite y saltándose la legalidad internacional, la cordura y la historia. El dueño de una de las mayores fortunas del mundo está dispuesto a utilizar a su población, incitando a los suyos que en su mayoría viven en los umbrales de la pobreza, para avanzar en sus obsesiones y pretensiones ilegales.
El fanatismo alauita tiene un plan orquestado para conculcar la soberanía nacional española y cree que es el momento de ponerlo en marcha, sabiendo que España está en manos de vendidos que aborrecen el país que gobiernan y, por encima de todo, aprovechando que su régimen hace buenas migas con la primera potencia mundial, mientras nosotros tenemos a Sánchez inmerso en su campaña ególatra de enfrentamiento directo con el líder estadounidense.
Hasta la fecha, la respuesta del Estado español ha defraudado a la nación española, asumiendo, para colmo, los costes implícitos de la ofensa invasora y dejando encima de la mesa un poso que muestra nuestras debilidades y manifiesta las evidencias acerca de nuestra respuesta si los agresores siguen avanzando en su plan.
La estrategia puesta en marcha pretende desestabilizar la convivencia y la normalidad en los territorios españoles que son objetivo del expansionismo marroquí, desmotivando a los residentes y haciendo tender a cero sus perspectivas de futuro, viendo cuestionable la sostenibilidad económica y soberana de, en este caso, Ceuta como ciudad española. Ese es el modus operandi de los que mandan en Rabat y tienen a los nuestros arrodillados dando palmas y riendo sus gracias.
Seguimos a la espera de una respuesta contundente y acorde a las circunstancias, dejando claro a los invasores que están jugando con el futuro de España y, en base a ello, nuestra contestación debería ser proporcional y disuasoria ante la posibilidad de nuevos escenarios de agresión por parte del régimen alauita. Por ejemplo, impidiendo la circulación por la red viaria española de camiones marroquís camino de Europa y militarizando los puestos fronterizos con credibilidad y verdadera solvencia.
España y su futuro no puede estar en manos de los miedos al chantaje que tiene Sánhez y su ego vanidoso, preocupado por el hipotético blanqueo de los secretos descubiertos en su móvil intervenido por el espionaje de Pegasus, en caso de que no se plegue a los intereses de los agresores y siga dando muestras de servilismo y sumisión ante su hermano Mohamed. En este sentido, ha sido un verdadero desastre y una vergüenza incalificable el pasotismo del veraneante palaciego de Lanzarote. Un reflejo clarificador del abandono que sufren los ceutíes, siendo testigos de las maniobras tibias y meramente publicitarias, como es el tránsito de segundones ministeriales por el lugar evitando que se muestre el miedoso que huele a pitada monumental por su mera presencia. Esa indiferencia mayúscula, al no ver necesario el abandono de sus vacaciones teniendo a una parte de España agredida por una invasión, debería servir de epitafio en el momento en que esta deshonra de político ponga fin a su contaminante etapa en el poder, tras perder las próximas elecciones y se ponga fin a ese sanchismo que ha supuesto tanta ruina y bochorno.
El enemigo, para Sánchez su socio y hermano, nos tiene contra las cuerdas por culpa de los inútiles que nos gobiernan. Marruecos no es fiable, no es respetuoso y, por supuesto, nuestra seguridad no puede estar en manos de un régimen que ha mostrado a las claras sus intenciones al declarar abiertamente que Ceuta y Melilla son suyas, cuando nunca lo han sido ni quieren serlo.
Tratarlos con complicidad y connivencia demuestra que tenemos verdaderos traidores en el poder. Unos generadores de problemas que muchas veces están a la misma altura que los del otro lado de la frontera, llegando a cuestionar y condicionar la propia presencia de Felipe VI en territorios que forman parte del Estado del que él, y no el maligno Sánchez, ocupa la Jefatura.
Javier Megino